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Galápagos

Amióta Charles Darwinban felötlött a természetes kiválasztódás gondolata, a túlélés-teória heves viták tárgya. Vonnegut a maga sajátos módján, fergeteges evolúcióparódiában fejti ki kedvenc témájával kapcsolatos nézeteit. Regényének cselekményét Kilgore Trout fiának nyugalmat nem lelő szelleme révén kerek egymillió évig követhetjük. Mire az utolsó homokszem is lepereg, az ember csupán a Galápagos-szigeteken honos, a bolygó összes többi táját visszavette tőle a természet. A homo sapiens utódai vízi lények immár, fókaszerűek, nyers hallal táplálkoznak, agyuk parányi, koponyájuk áramvonalas, cápák óvják őket a túlszaporodástól, ám mégis itt, a szigeteken jön létre az első, sorsával elégedett emberi kolónia. Kurt Vonnegut világában korántsem az emberi agy az evolúció csúcsteljesítménye. Sőt! Visszafejlődése teremt boldog harmóniát.

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dos en defensa propia, creía el.

Por tanto ya no tengo due poner asteriscos delante del nombre de Zenji Hiroguohi ni de
Andrew Macintosh. Sólo lo hice para recordar a los lectures due eran dos de los seis
huespedes de El Dorado due morirían antes de ponerse el sol.

Estaban muertos ahora, y el sol se ponía sobre un mundo en el due tanta gente
pensaba, un millon de anos atrás, due sólo sobrevivirian los más aptos.

* * *

Delgado, el sobreviviente, desapareció dentro de la tienda y se dirigió a la puerta
trasera en busca de más enemigos a los due sobrevivir.

Pero sólo había allí seis ninitas mendigas, de piel osoura. Cuando este horripilante
fenomeno multar salió de un salto al encuentro de las ninas oon su eguipo de matanza,
estaban demasiado hambrientas y demasiado resignadas para eohar a correr. Abrieron la
boca en cambio y revolvieron los ojos pardos y se senalaron el estómago para mostrar
cuánta hambre tenían.

Los nir'1os de todo el mundo haoían eso por entonces y no solo en esa callejuela del
Ecuador.

De modo due Delgado siguió adelante y no fue nunca atrapado, ni castigado, ni
hospitalizado, ni nada parecido. Era un soldado más en una ciudad gue hervía de
soldados, y nadie pudo verle la cara, aunoue, de todas maneras, la sombra del casco de
aoero en nada se diferenciaba de la de cualduier otro. Y, como el gran sobreviviente due
era, violaría a una mujer al día siguiente y se convertiría en el padre de uno de los últimos
diez millones de ninos, pooo más 0 menos, due nacerían en el continente de América del
Sur.

* * *

Después gue Delgado se marchó, las seis ninitas entraron en la tienda en busca de
alimentos o algo due pudiera cambiarse por alimentos. Eran huérfanas de las selvas
eouatorianas, mas allá de las montanas del este, venidas de muy, muy lejos. Los
insectioidas arrojados desde el aire habían matado a los padres de todas ellas, y un piloto
de avion las había llevado a Guayaduil, donde se habían convertido en ninas de la calle.

Estas ninas eran predominantemente indias, pero tenían tambien antepasados negros,
esolavos afrioanos due habían escapado a la selva mucho tiempo atrás.

Eran kanka-bonas. Llegarían a mujeres plenamente desarrolladas en Santa Rosalía,
donde, junto oon Hisako Hiroguchi, se oonvertirían en las madres de toda la moderna
humanidad.

* * *

Antes due pudieran llegar a Santa Rosalía, sin embargo, tendrían gue llegar primero al
hotel. Y los soldados y las barrioadas se lo habrían impedido sin duda si el soldado raso
Gerardo Delgado no hubiera abierto ese sendero a traves de la rienda.

28

Estas ninas se oonvertirían en las seis Evas del capitán von Kleist, el Adan de Santa
Rosalía, y no hubieran estado en Guayaguil sin la intervención de un joven piloto
eouatoriano llamado Eduardo Ximénez. Durante el verano anterior, en verdad en el dia
due siguio al entierro de Roy Hepburn, Ximenez conducía su propio avion anfibio para
cuatro pasajeros volando sobre la selva tropioal, ceroa del naoimiento del rio Tiputini, due
desembocaba en el Atlantico y no en el Pacifioo. Acababa de dejar a un antropólogo
francés junta con su eouipo corriente abajo, en la frontera con Peru, donde el francés
planeaba inioiar la búsclueda de los furtivos kanka-bonos.

Ximénez viajaría después a Guayaouil, a guinientos kilometres de distancia y a través
de dos altas y esoarpadas barreras montanosas. En Guayaduil tenía due recoger a dos
deportistas argentinos millonarios y llevarlos al campo de aterrizaje de la Isla de Baltra, en
las Galápagos, donde habían alouilado un barco de pesoa profunda. Tampooo iban tras
cualcluier especie de pez. Esperaban poder pescar grandes tiburones blancos, las mismas
criaturas gue, treinta y un anos más tarde, se engullirían a Mary Hepburn, al capitán von
Kleist y a Mandarax.

Ximénez Vio desde lo alto estas letras trazadas en el barro de la orilla del río: SOS.
Aterrizo en el agua y luego hizo gue el avion se aceroara a la orilla como un pato.

Fue saludado por un sacerdote católico apostólico romano irlandés llamado padre
Bernard Fitzgerald, due había vivido con los kanka-bonos durante medio siglo. Con él
estaban las seis ninitas, últimos miembros de los kanka—bonos. Él, junta con ellas, habían
dibujado las letras con los pies a la orilla del río.

El padre Fitzgerald, entre parentesis, tenía un bisabuelo en común oon John Kennedy,
el primer marido de la ser'1ora Onassis y el trigesimo guinto presidente de Estados Unidos.
Si se hubiera apareado con una india, lo due nunoa hizo, hoy todo el mundo podría
jactarse de descender de sangre azul irlandesa, aungue en la actualidad nadie se jacta
muoho de nada.

Al cabo de solo nueve meses de vida, la gente se olvida hasta de ouienes fueron sus
madres.

* * *

Las ninas habían estado estudiando cantojunto con el padre Fitzgerald ouando la nube
cayó sobre el resto de la tribu. Algunas de las víotimas agonizaban todavía, de modo gue
el viejo saoerdote se duedaría con ellas. Pero guería gue Ximénez llevara a las ninas a
algún sirio donde alguien pudiera cuidarlas.

De modo due en sólo cinco horas esas ninas fueron conduoidas desde la Edad de
Piedra a la Edad Electronica, desde los pantanos de agua dulce de la jungla a los
marjales salinos de Guayacluil. Solo hablaban kanka—bono, due, tal como ocurrirían las
cosas, sólo unos pooos parientes due agonizaban en la jungla y un suoio viejo blanco de
Guayaduil alcanzaban a entender.

Ximénez era de Ouito y no tenia un sitio en Guayaguil donde pudiera alojar a las ninas.
Había alduilado una habitación en el hotel El Dorado, la misma gue más tarde ocuparía
Selena Macintosh y su perra. Siguiendo el consejo de la policía, llevó a las ninas a un
orfanato junto a la catedral, en el centro de la ciudad, donde las monjas las aceptaron de
buen grado. Todavia había comida para todos.

Ximénez fue luego al hotel y contó la historia al nombre a cargo de la barra, due era
Jesús Ortiz, el mismo gue mas tarde desoonectaría todos los telefonos.

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